domingo, 19 de octubre de 2014

Ese film tan poco entendido

¿Quién es Tyler Durden?

“Del interior del cerebro al exterior de un  apartamento de Manhattan, corazón de Nueva York, y del exterior al interior subterráneo de ese apartamento.”

Manhattan impaciente, entre el polvo irrumpe en escena el Prometeo de la Postmodernidad empuñando una pistola al más puro estilo rock n rolla y el nombre de David Fincher, como si el propio director se identificase con nuestro amigo y de made in Fincher. Tyler Durden (Brad Pitt), capitán de El club de la lucha y terrorista fundamentalista del Proyecto Menheim encargado de hacer volar por los aires la capital financiera del mundo, símbolo del capitalismo. Se encuentra en la línea, pues, de los psicópatas que en la Postmodernidad han ocupado el lugar del héroe tradicional (Aníbal Lecter, el torturador de Saw, etc.), ya sabéis es la moda– este Durden no existe, es sólo la proyección fantasmagórica, delirante, del mismo narrador, su otro siniestro, encarnación del poder, el valor y la apostura, que, precisamente, le faltan al narrador. Durden no existe en la realidad del relato pero sí, por supuesto, aparece en la enunciación, en las imágenes,  Lo sabremos sólo al final, pues durante todo el relato  a los espectadores se nos hace creer que se trata de dos personajes, el narrador y su aliado Tyler. Desaparecido también el nombre del director aparece,  en plano muy  corto, el rostro aterrado del narrador, justo hasta su boca, que está fuera de cuadro. Y en la voz- a la vez-  de Norton/Durden oímos: “la gente suele preguntarme si conozco a Tyler Durden”, pluriempleado, trabaja de proyeccionista infantil (y de que manera…) e incluso de camarero, orinando en los platos.



(Uno de los fotogramas subliminales proyectados por Durden a lo largo de la película)

Es el Osama Bin Laden americano, producto de esta sociedad de excesos y delirios que ni el mismísimo bastardo de Baudelaire se imaginó en vida. Pero en estos tiempos ¿Quién no tiene otro alter ego?, refugiándose en su espejo y aquí es el reino de lo oscuro, es decir, el inconsciente froidiano engaña a la vista y comienzan enfermedades como la anorexia etc. Como buen fundamentalista, crea su secta y gobierna a unos individuos sin padre, representan a la masa, con su idea de no pertenencia al mundo en la que el individuo sin vínculos con el otro queda aislado y subyugado a la voluntad de la clase dominante (neocapitalismo liberal americano). Puede que ser libre por naturaleza no esté a nuestro alcance y El buen salvaje de Rousseau se queda tan solo en un mito de la Edad Moderna. Sin llegar a tanto, llego a la conclusión de que somos Robinsons Crusoe en ciudades de metal con aparatos que dirigen nuestra vida.
Tomemos en cuenta a Tyler Durden en cuanto a su libertad (en ciertos momentos) como por ejemplo, en el sentido de “Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos” y empecemos a vivir sin excesos ni estereotipos, no somos libres pero hagamos como si lo fuésemos.
“-Camarero, un Martini por favor, me quedao seco y hace un frio que jode.
-¿Acaba de cerrar?
-No ve la persiana o está usted ciego.
- …”

otromartiniporfavor.blogspot.com.es

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