¿Quién es Tyler Durden?
“Del
interior del cerebro al exterior de un
apartamento de Manhattan, corazón de Nueva York, y del exterior al
interior subterráneo de ese apartamento.”
Manhattan impaciente,
entre el polvo irrumpe en escena el Prometeo de la Postmodernidad empuñando una
pistola al más puro estilo rock n rolla y el nombre de David Fincher, como si
el propio director se identificase con nuestro amigo y de made in Fincher.
Tyler Durden (Brad Pitt), capitán de El
club de la lucha y terrorista fundamentalista del Proyecto Menheim encargado
de hacer volar por los aires la capital financiera del mundo, símbolo del
capitalismo. Se encuentra en la línea, pues, de los
psicópatas que en la Postmodernidad han ocupado el lugar del héroe tradicional
(Aníbal Lecter, el torturador de Saw, etc.), ya sabéis es la moda– este Durden
no existe, es sólo la proyección fantasmagórica, delirante, del mismo narrador,
su otro siniestro, encarnación del poder, el valor y la apostura, que,
precisamente, le faltan al narrador. Durden no existe en la realidad del relato
pero sí, por supuesto, aparece en la enunciación, en las imágenes, Lo sabremos sólo al final, pues durante todo
el relato a los espectadores se nos hace
creer que se trata de dos personajes, el narrador y su aliado Tyler. Desaparecido
también el nombre del director aparece,
en plano muy corto, el rostro
aterrado del narrador, justo hasta su boca, que está fuera de cuadro. Y en la
voz- a la vez- de Norton/Durden oímos:
“la gente suele preguntarme si conozco a Tyler Durden”, pluriempleado, trabaja
de proyeccionista infantil (y de que manera…) e incluso de camarero, orinando
en los platos.
(Uno de los fotogramas subliminales proyectados por Durden a lo largo de
la película)
Es el Osama Bin Laden
americano, producto de esta sociedad de excesos y delirios que ni el mismísimo
bastardo de Baudelaire se imaginó en vida. Pero en estos tiempos ¿Quién no
tiene otro alter ego?, refugiándose
en su espejo y aquí es el reino de lo oscuro, es decir, el inconsciente
froidiano engaña a la vista y comienzan enfermedades como la anorexia etc. Como
buen fundamentalista, crea su secta y gobierna a unos individuos sin padre, representan a la masa, con su idea de no pertenencia al
mundo en la que el individuo sin vínculos con el otro queda aislado y subyugado a la voluntad de la clase dominante
(neocapitalismo liberal americano). Puede que ser libre por naturaleza no esté
a nuestro alcance y El buen salvaje
de Rousseau se queda tan solo en un mito de la Edad Moderna. Sin llegar a
tanto, llego a la conclusión de que somos Robinsons Crusoe en ciudades de metal
con aparatos que dirigen nuestra vida.
Tomemos en cuenta a
Tyler Durden en cuanto a su libertad (en ciertos momentos) como por ejemplo, en
el sentido de “Tenemos empleos que
odiamos para comprar mierda que no necesitamos” y empecemos a vivir sin
excesos ni estereotipos, no somos libres pero hagamos como si lo fuésemos.
“-Camarero,
un Martini por favor, me quedao seco y hace un frio que jode.
-¿Acaba
de cerrar?
-No
ve la persiana o está usted ciego.
-
…”
otromartiniporfavor.blogspot.com.es


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